Hay un patrón que se ve en los clubes que crecen bien. Empiezan con un torneo, una jornada de puertas abiertas, un evento de verano. Funciona, las pistas se llenan, los jugadores se entusiasman. Y luego se acaba.
A la semana siguiente se vuelve a reservar pistas sueltas como siempre. Sin seguimiento, sin estructura, sin motivo para volver. La energía del evento se desvanece tan rápido como llegó.
La fidelidad no se construye con eventos
Los torneos son estupendos para la visibilidad, para el ambiente y para atraer a nuevos jugadores. Pero no construyen un club. La fidelidad nace de la repetición, del reconocimiento, de la sensación de pertenecer a algún sitio. Esa sensación crece cuando vuelves cada semana a la misma liga, con la misma gente, la misma clasificación.
Los clubes con una liga de temporada sana comprueban que los jugadores son más fieles. Planifican su semana en torno al día de partido. Hablan en la pista sobre partidos anteriores. Consultan la clasificación. Están implicados con el club, no solo con una actividad.
